sábado, 22 de mayo de 2010

LA CRISIS ECONÓMICA A DEBATE

¿CRISIS ECONÓMICA O CRISIS ECOLÓGICA?

Mesa redonda: martes 1 de junio
19h Centro Joaquín Roncal, C/San Braulio 5-7 Zaragoza

Ponentes:
José Luis Trasobares/Periodista
Pedro Arrojo/Economista especializado en gestión del agua
José Luis Martínez/Ecologistas en Acción Zaragoza
Modera
Cristina Monge/Fundación Ecología y Desarrollo

¿Fin de un modelo económico-financiero o nuevo proceso de acumulación de capital?
¿Crisis financiera o crisis de sostenibilidad?
Características peculiares de la crisis en España y Aragón
Claves para entender y afrontar una crisis de gran calado

viernes, 7 de mayo de 2010

RECUPERAR EL PARQUE BRUIL

El Periódico de Aragón. Mayo 7, 2010

Los vecinos protestaron ayer con una cacerolada por el estado en que ha quedado el parque Bruil tras la remodelación llevadaa cabo por el Ayuntamiento de Zaragoza. Consideran que la reforma refoma del parque Bruil ha sido cara (ha costado 1 millón de euros), chapucera y llevadaa cabo sin la participación de sus usuarios, por lo que no responde a sus deseos y usos. Se puede leer la noticia completa en El Periódico.

miércoles, 5 de mayo de 2010

RAZONES CONTRA EL DRAGADO DEL EBRO

El Periódico de Aragón. Mayo 5, 2010


NO A LAS ACTUACIONES EN EL CAUCE DEL EBRO
A SU PASO POR LA CIUDAD DE ZARAGOZA
PARA UN PROYECTO DE NAVEGACIÓN INSOSTENIBLE

Los colectivos abajo firmantes defendemos la dimensión afectiva, lúdica, emocional de los ríos además de su función como sistemas naturales. En ese sentido, reivindicamos los espacios fluviales para el paseo por sus riberas, para el baño y para la navegación, en el marco de unos ríos vivos y limpios, que mantengan su dinámica natural, la morfología de su lecho, un régimen respetuoso de caudales, la vida acuática y, en definitiva, la calidad de su ecosistema.

Aplaudimos el propósito de acercar la ciudadanía al río, pero no compartimos la forma en la que se está tratando de realizarlo en nuestra ciudad, contra los principios de la Directiva Marco del Agua y del Plan Estratégico Nacional de Restauración de Ríos. No todos los ríos son iguales. El nuestro, a su paso por Zaragoza, tiene una serie de limitaciones naturales y antrópicas que hacen imposible determinadas apetencias. Del mismo modo que no podemos hacer una estación de esquí en la ciudad, el Ebro no puede ser navegable para cualquier tipo de embarcación. Denunciamos, además, las afecciones al patrimonio cultural y, en concreto, al Puente de Piedra con la extracción que se hizo en el año 2007 de la solera de piedra y del zampeado -estacas de madera- en la segunda arcada mirando desde el Paseo Echegaray, materiales antiguos de un Monumento que es Bien de Interés Cultural.

El Gobierno Municipal del Ayuntamiento de Zaragoza, en su día, no lo entendió así y, sin atender el informe firmado por dieciséis científicos especialistas en dinámica fluvial y ecosistemas acuáticos, proyectó un plan para la navegación en los meses estivales, que es la época de menor caudal, con unas embarcaciones no aptas para el calado natural del río en ese momento del año. De hecho, todos los intentos realizados desde entonces para adaptar el río a las embarcaciones en su día elegidas, han resultado un fracaso incuestionable, se mire por donde se mire. Ni el azud, ni los dragados sucesivos, ni la colocación de motores en las embarcaciones han hecho posible la navegación.

Por su parte, los ciudadanos tampoco han demostrado un gran entusiasmo por participar en ese proyecto para ese tipo de navegación. Según las cifras oficiales, el primer año 22.000 pasajeros usaron el servicio de esos barcos frente a los 350.000 esperados, y el segundo, escasamente 5.000 (en buena medida colegios invitados) frente a una ocupación prevista de 20.000 usuarios. El proyecto de la navegabilidad ha supuesto a las arcas de la ciudad 24 millones de euros cuando en principio iba a resultar ser gratuito, ya que se iba a amortizar mediante una central hidroeléctrica que al final no se construyó. A ello hay que añadir los 5 millones de euros invertidos en la construcción de embarcaderos y reforma de uno de los vanos del puente medieval (el Puente de Piedra), así como los 300.000 euros de compensación anual que debe abonar nuestra Corporación a la empresa por la perdida en ventas de billetes.

Por otra parte, junto a esta realidad, no podemos obviar las repercusiones sociales y ambientales. El dragado es un mal ejemplo de actuación; es un parche temporal. Mientras en otros lugares de España, de Europa y del mundo, se están desarrollando proyectos que tratan de devolver a los ríos su espacio y su dinámica natural, en Zaragoza, nuestro Ayuntamiento sigue en la idea de que es posible dominar y controlar el Ebro, a cualquier precio, y eso lo hace al amparo de una Exposición Internacional autollamada “del Agua y la Sostenibilidad” con pretensión de dar ejemplo al mundo.

El Ebro es un río de régimen mediterráneo que no puede ser comparado con otros ríos europeos navegables, como el Támesis, el bajo Guadalquivir o el Sena. Los dos primeros son estuarios y el Sena a su paso por París, desde hace siglos ha dejado de ser un río para ser una canalización de hormigón.

En el tramo urbano de Zaragoza el Ebro es un río de cauce marcadamente inestable por naturaleza; su lecho está formado por gravas y arenas que se mueven -y mucho- durante las crecidas de periodo de retorno anual. Cada vez que se modifica la morfología del lecho mediante una extracción de áridos, el río tiende a reponerla. Cualquier intervención en el lecho origina una respuesta de éste a través de una serie de erosiones y sedimentaciones. Lo hemos visto claramente en los sucesivos dragados que se han hecho a su paso por Zaragoza para permitir la fracasada navegabilidad. Es una afirmación gratuita pretender imputar ese efecto a los aportes realizados al cauce con motivo de las obras de acondicionamiento para la construcción de los puentes

La barra de Helios, cuya existencia ya se puede apreciar en las fotografías aéreas del año 1927, en estos últimos años ha crecido tanto en altura como en extensión, tal como se anunció en el informe planteado por los dieciséis científicos que desaconsejaron la realización del primer dragado. El crecimiento de esa barra ha sido la simple respuesta del río. Al hacer el canal de navegación paralelo al muro del Paseo Echegaray, ha aumentado la incisión en esta margen y la deposición de gravas en la orilla contraria; es decir, en la de Helios, además de otras lesiones estructurales que ya son visibles en el interior del templo del Pilar.

De igual forma, el canal de navegación, la desviación de una parte del agua de toda la sección del cauce hacia uno de los arcos del Puente de Piedra, está produciendo, desde entonces, un efecto erosivo muy fuerte, que puede implicar a medio plazo, un riesgo de desestabilización por descalce de los pilares de la primera arcada. Por otro lado, en el resto de las arcadas, la dinámica del río tiende a depositar materiales. Estos no son más que algunos de los efectos que el dragado y el azud están produciendo en relación al movimiento de gravas en ese punto.

Si queremos que los ciudadanos vuelvan a disfrutar del río, como lo hicieron hasta principios de los años sesenta, sería bueno preguntarse por qué a partir de esa fecha comenzaron a darle la espalda. La respuesta es obvia: la degradación de la calidad química de las aguas y de su aspecto, la suciedad de las riberas, la merma y alteración del régimen de caudales. Hoy, en sus orillas todavía quedan residuos tóxicos de la antigua Industrial Química y escorias de fundición de Rico Echevarria. Por otra parte, hay barrios rurales que todavía vierten sus aguas directamente al río sin el menor tratamiento.

Extraer gravas del río no supone una limpieza del cauce. En las gravas, como si de una esponja se tratara, se encuentra el freático del río; es decir, el agua subterránea que permite que existan bosques de ribera. Su extracción repercute en el descenso su superficie piezométrica, y eso puede afectar a la vegetación de ribera, como se está observando en la actualidad en el soto Cantalobos, cuyos árboles están muriéndose tras la extracción de gravas que se produjo en 2008 para la construcción del Cuarto Cinturón de circunvalación.

Las gravas no son basura sin vida; entre las gravas viven organismos que conforman el primer eslabón alimenticio de la cadena trófica del río. Utilizar el termino limpieza del cauce para designar operaciones masivas de dragado, no deja de ser un eufemismo que trata de enmascarar lo que en definitiva es un atropello desde el punto de vista hidrológico y de la buena salud del ecosistema. Tampoco son elementos ajenos al río, sino elementos muy activos de su dinámica de equilibrio del cauce del río; son un patrimonio natural tan valioso como las playas y acantilados de nuestras costas, o como nuestras montañas y glaciares.


Firmado: (listado abierto a futuras incorporaciones) en Zaragoza a 6 de mayo de 2010

Fundación Nueva Cultura del Agua
Centro Ibérico de Restauración Fluvial
Asociación Naturalista de Aragón ANSAR
COAGRET
Ecologistas en Acción
Sociedad Española de Ornitología SEO
APUDEPA
Equipo Triacanthos

Asociación de Vecinos Puente Santiago-Actur
Asociación de Vecinos Casco Viejo
Asociación de Vecinos La Paz
Asociación de Vecinos Oliver
Asociación de Vecinos Venecia-Montes Torrero
Asociación Vecinal La Madalena
Coordinadora del Parque Oliver

Partido Comunista de Aragón
Izquierda Anticapitalista Aragón

domingo, 25 de abril de 2010

FIRMAS DE APOYO AL MANIFIESTO

La Plataforma Ciudad Compacta 2014 ha puesto en marcha una campaña de recogida de firmas en línea en apoyo del manifiesto en contra de la Expo 2014 y a favor de la inversión en los barrios.

Se puede firmar en este formulario y añadir comentarios. También se puede consultar el número de firmas recogidas.

El manifiesto fue presentado y publicado en la prensa escrita el pasado diciembre. Con esta campaña se pretende que se puedan adherir nuevos firmantes y que los que ya lo suscribieron puedan renovar su apoyo.

viernes, 16 de abril de 2010

DISCULPAS OLÍMPICAS

Panorámica del Pirineo aragonés desde Monrepós

Así debemos empezar a hablar quienes no somos partícipes de la euforia colectiva que se ha desatado en Aragón como consecuencia de la probable presentación de la candidatura de Zaragoza-Pirineos a las Olimpiadas de invierno de 2022. La ilusión mostrada por tantas personas relevantes de la vida económica, social y cultural de Aragón nos hace pensar que algunos no hemos sabido apreciar las bondades de un evento tan singular. Nos gustaría ser como quienes aplauden la iniciativa pero, por lo que parece, no hemos conseguido adherirnos a esa corriente unánime, cercana al pensamiento único, lo cual nos ha impedido superar la tendencia de cenizos que se dice que tenemos alguna gente de por aquí.

Hay que pedir disculpas por entender que son imposibles grandes obras de infraestructuras o urbanizaciones diseminadas por los Pirineos sin vulnerar la esencia de la montaña. Sin duda, nos han puesto en guardia al mentar los Pirineos y mezclarlos con el olimpismo. Ambos asuntos contienen rasgos singulares pero combinados sugieren graves incógnitas. No se habla de cualquier sitio; son los Pirineos, conjunto de enclaves ecológicos que para algunos de nosotros son santuarios de biodiversidad, de riqueza etnográfica. Quizás no nos ilusionamos porque imaginamos concentraciones masivas de personas y actividades lúdicas en lugares frágiles, que debemos preservar en condiciones tales que permitan seguir siendo un argumento identificativo de Aragón. Nos asustan los eventos deportivos efímeros que no construyen entramado social y, puestos a gastar dinero, apostamos por los apoyos continuados al deporte de base, a colectivos que luchan por mantener encendida la llama de la formación personal a través del deporte, esa que nunca se apaga como le sucede a la olímpica.

Logo Arcosur Villa Olímpica

Es positivo que haya noticias de este estilo, cuando se tambalean las expectativas de trabajo de tanta gente; cuando parecía que ya no había futuro surgen unos horizontes de bienestar. Nuestros dirigentes hacen bien en generar ilusión colectiva. Sin embargo, quienes apoyan y postulan el evento olímpico han de estar atentos para no disipar sus energías en estos actos y olvidar las pequeñas actuaciones que dan sentido a la vida cotidiana de muchas personas. Los réditos del mercantilismo olímpico pueden distraer las buenas intenciones de nuestros dirigentes; ya ha sucedido en otros lugares.

Queremos también excusarnos por dudar de que exista nieve, elemento necesario para ese deporte tan singular. No está plenamente asegurado, aún en el supuesto de que se mantengan las condiciones climáticas actuales, que haya nieve en cantidad y calidad suficiente para celebrar pruebas olímpicas. Si se da el caso de que el tiempo no siga una programación adecuada, nos asustan las maniobras que se podrían llevar a cabo para lograrla.

Aporte de nieve en JJOO Vancouver. Diario Sport

Nos cuesta ver los ingentes rendimientos económicos que dicen va a traer para todo Aragón. Dando por supuesto que se contará con una cuantiosa contribución del Gobierno central, será necesario aportar más dinero a lo largo de todos estos años para el diseño, promoción, apoyos, etc., por parte del ejecutivo aragonés o de los municipios implicados. Si viene en forma de asignación en los presupuestos ordinarios puede aminorar partidas dedicadas a otros fines; si se busca en créditos extraordinarios puede hipotecar actuaciones futuras.

Hemos de pedir perdón porque no distinguimos quiénes serán los beneficiarios reales. Pensamos en las gentes de la montaña, que arrastran muchos intentos fallidos con las candidaturas de Jaca, y nos gustaría que sus pueblos no muriesen, que tuviesen un crecimiento demográfico asegurado, que mejorasen sus servicios sociales. Mucho nos tememos que si se celebrasen los Juegos, los rastros en el territorio natural y en el entramado social fuesen mayores que los beneficios económicos que pudieran acarrear a largo plazo.

También hemos de reconocer que sentimos envidia por la unanimidad que ha suscitado esta iniciativa, cuando muchas otras con alta carga social y ambiental necesitan una acción persistente para conseguir unas pocas adhesiones. Sin duda, quienes impulsan éstas no aciertan al presentarlas a la opinión pública.

Todo lo anterior no es sino una forma de justificar nuestras incertidumbres, una disculpa por no encontrarnos en la mayoritaria tendencia de opinión.

Carmelo Marcén Albero

viernes, 9 de abril de 2010

SEMANA ESTATAL CONTRA PRODUCTOS TRANSGÉNICOS


La semana del 12 al 17 de abril ha sido declarada como Semana Estatal de Lucha 2010 contra los alimentos transgénicos, con actividades en toda España. Puedes conocer aquí las actividades programadas en Aragón. También habrá autobuses para ir a la manifestación de Madrid del sábado 17 de abril

jueves, 8 de abril de 2010

LA HUERTA DEL TESORO

Zaragoza, como cualquier otra ciudad, parece estar llena de cosas. Y su entorno rural, por contraste, pudiera dar la impresión de no ser más que un "desierto" sin elementos de interés. Pero nada más lejos de la realidad. La huerta de Zaragoza esconde un valioso tesoro diseminado entre cañas, acelgas y borrajas. Y no es otro que su paisaje, resultado de la relación entre un singular entorno natural y una intervención humana continuada en el tiempo. Una parte insustituible de ese paisaje la constituyen en primer lugar sus propios protagonistas, los hortelanos, pero tampoco deben menospreciarse las acequias y las torres pues son las huellas materiales más visibles de una herencia milenaria en grave peligro de desaparición o deterioro.

Vista aérea de la huerta de Movera. Fuente: SITAR
Las torres

Las casas de labor que salpican el regadío tradicional en Zaragoza y su entorno reciben el nombre de "torres" y son la última muestra de un hábitat disperso que floreció de manera excepcional en un territorio caracterizado por la presencia de densos núcleos urbanos. Algunas de ellas son de origen medieval, otras fueron grandes casonas de los siglos XIX y XX, y la gran mayoría no dejan de ser sencillas construcciones de arquitectura popular. La destrucción de estos edificios tampoco es ninguna novedad. Ya la urbanización de la huerta de Santa Engracia para la Exposición de 1908 supuso la desaparición de algunas de esta torres. Otro número considerable fue engullido por el rápido avance de la ciudad consolidada y otras, como las que se ubicaban en el meandro de Ranillas, continúan desapareciendo en la actualidad.

Por parte del ayuntamiento solo han recibido cierto grado de protección la Torre de Santa Engracia en Movera, en la que se llegó a especular con la instalación de algunas dependencias de la Universidad San Jorge, y la Torre Genoveva en Juslibol. La iniciativa privada, por su lado, ha conseguido rehabilitar algunos ejemplos para nuevos usos como la celebración de eventos o las actividades educativas en San Juan de Mozarrifar y Miralbueno respectivamente. La propia Gerencia de Urbanismo no parece albergar gran inquietud por esta situación a pesar de que el Plan General de Ordenación Urbana prevé la realización de "un inventario de la edificación tradicional en el suelo no urbanizable del término municipal" a partir del que "podrá establecerse un catálogo de los edificios que en su caso deban ser objeto de especial protección". A día de hoy este inventario no se ha realizado ni se tienen noticias de que vaya a elaborarse en un futuro inmediato.

Obras de construcción del 4º cinturón en Santa Isabel

Frente a esta inercia, determinados actores de la sociedad civil no acaban de quedarse conformes. Ángel Tomás es miembro de APUDEPA y ha dedicado muchos esfuerzos a divulgar los valores de las torres en el entorno de Monzalbarba. Está convencido de su gran importancia ya que "son una forma de vida que está a punto de extinguirse y han creado un paisaje cultural repleto de historia". Al preguntarle sobre qué opciones hay para conservar o poner en valor este patrimonio se le escapa un sentido suspiro, "es un asunto difícil, tendría que haber ayudas económicas para las torres que estén habitadas, y las instituciones podrían conservar algunas muy significativas, pero lo primero sería hacer un inventario y después que algún organismo independiente decidiese cuáles tienen mayor valor. Desde las asociaciones de defensa del patrimonio solo nos queda denunciar e intentar llegar a la gente, sensibilizar a la sociedad".

Las personas que habitan estas casas de campo todavía reciben el apodo de "torreros" y entre ellas, además de que no son muchas, cunde cierta desesperanza. Henri Bourrut es uno de estos torreros del barrio de Montañana y también opina con escepticismo: “ahora, los propietarios de torres que queremos conservar este patrimonio recibimos la misma consideración que si se tratase de una de las muchas segundas residencias construidas en los últimos años que no tienen ningún interés arquitectónico. Una posibilidad para intentar cambiar esta tendencia sería crear una asociación de propietarios y amigos de las torres”.

Las acequias

La puesta en regadío del árido entorno de nuestra ciudad fue fruto de un proceso que duró varios siglos. El historiador turolense Julián Ortega ha investigado sobre el origen medieval de las acequias zaragozanas y, aunque muchas de ellas pertenecen a la etapa andalusí, ha comprobado que uno de sus momentos de mayor expansión se produjo en el siglo XII ya bajo el poder de la monarquía aragonesa. Esta gran antigüedad les otorga a las acequias, según el historiador, un valor inigualable: "las acequias tradicionales están bien testadas ya que llevan más de ocho siglos a prueba, yo las comparo con relojes de precisión en los que si algo falla todo se descuadra". Y es que las acequias son asimismo el soporte de una compleja tradición de reparto del agua mediante turnos de riego o "adores".

Acequia de Urdán en Movera

En la actualidad, las actuaciones de mejora en esta red de acequias suelen consistir en sustituir completamente el cajero de tierra por una canalización de cemento, por lo que desde una sensibilidad conservacionista se les acusa de causar graves afecciones al paisaje y también a sus valores naturales como auténticos corredores verdes. Para quienes trabajan día a día en la huerta, por el contrario, la visión de las acequias tiene un cariz más funcional. Manuel Calle, presidente de la Asociación de Hortelanos de Zaragoza, relata cómo en la actualidad “las acequias tienden a hacerse de cemento y eso es un gran avance porque se pierde muchísima menos agua y además ya no hay que limpiar las orillas”.

Desde la Universidad de Zaragoza, por último, la catedrática de Geografía Luisa María Frutos es una de las voces críticas con esta situación: "se dice que al encementar las acequias se reducen las pérdidas de agua, pero ese agua no se estaba perdiendo, lo único que ocurría es que iba a otro lado". La misma catedrática, experta en estudios agrarios, concluye que "en el entorno de Zaragoza no se ha hecho ningún estudio en profundidad sobre el paisaje de huerta que rodea la ciudad".

El tesoro de nuestros vecinos

En la vecina Comunidad Valenciana, la construcción análoga a nuestras torres recibe el nombre de alquería, pero al contrario de lo que sucede en nuestra ciudad, su conservación y rehabilitación suele ser motivo de trifulca política entre los grupos popular y socialista del consistorio valenciano. Además, la Generalitat Valenciana tiene muy avanzando el ambicioso Plan de Acción Territorial de Protección de la Huerta de Valencia, en el que se reconoce el interés ambiental, paisajístico y cultural de este entorno para promover medidas innovadoras como la potenciación de una marca hortofrutícola de calidad o la reversión en la huerta de las externalidades que genera mediante el pago a los hortelanos comprometidos con criterios de respeto ambiental y patrimonial.

Félix A. Rivas. Técnico en Patrimonio Cultural

Artículos relacionados:
La huerta de Zaragoza y su nula valoración por los Ayuntamientos